Celia
tu nombre suena muy bien
eres morena de tez,
tu risa de cascabel
y tu pelo huele a miel.
Eres la mujer amada
con la que siempre soñé,
enamorado de ti
hasta hacerte mi mujer.
Eras la hembra ideal
capaz de hacerme feliz,
y fuiste correspondida
con el amor que te di.
Duró el noviazgo ocho años
queriéndonos por escrito,
esperando con paciencia
en hacerme tu marido.
Por fin ese día llegó
y como dos tortolitos,
nos cogimos de la mano
y formamos nuestro nido.
Un nido de enamorados
que parecía tan bonito,
que los dos lo disfrutamos
igual que dos pajaríllos.
Al año de estar casados
vino nuestro primer hijo,
y el nido se consagró
con nuestro gran regocijo.
Pusimos todo el esmero
y le dimos mucho amor,
para que fuera feliz
nuestra mayor ilusión.
Y aunque pusimos cuidado
para no tener más hijos,
aliados con Ogino
pero Ogino nos falló
Y, a si dos años más tarde
sin motivos ni razón,
vinieron otros dos hijos
nietos de Ogíno los dos.
Dos hijos que eran hermosos
como lo era el primero,
y con buen amor de padres
los criamos con esmero.
Los tres llenaban la casa
de juegos y de alegría,
había veces que lloraban
y otras veces que reían.
Pero como hay un refrán
que dice: no hay dos sin tres,
de nuevo usamos Ogíno
pero nos falló otra vez.
Y vino a casa otro niño
muy querido por sus padres,
lo criamos con esmero
dándole el pecho su madre.
Formamos una familia
que prometía ser feliz,
y durante muchos años
lo pudimos conseguir.
Pero pasó mucho tiempo
y llegaron los problemas,
con ellos las discusiones
y la mala convivencia.
Y luchando muchos años
con confianza y con fe,
aun seguimos esperando
en ser feliz otra vez.
Y la cosa está en camino
con buena disposición,
si las cosas no se tuercen
tenemos la solución.
Con el paso de los años
empezaron a llegar,
unos nietos tras de otros
nos vinieron a alegrar.
Pero ya somos mayores
y no aguantamos la lucha,
teniendo algunos achaques
ya las fuerzas no son muchas.
Pero los años de vida
que nos queden por vivir,
procuraremos pasarlos
siendo un poco más feliz
Que nuestros hijos nos quieran
y nuestros nietos tan bien,
y nos hagan más ameno
lo que nos llegue después.
Y si por qué, es ley de vida
yo perdiera la cabeza,
no lo dudéis ni un momento
llevadme a una residencia.
Que no es pecado ninguno
ni tengáis remordimientos,
que las personas mayores
no damos más que tormentos.
Mas, debéis tener cuidado,
sed un poco selectivos,
que hay algunas residencias
que no tienen desperdicio.
Y con tu madre:
haced lo que os pida ella,
pero haced las cosas bien
con mucha delicadeza.
Porque bien se lo merece
porque su vida pasó,
en cuidarnos a nosotros
y dándonos mucho amor.
Dándonos bien de comer,
teniéndonos siempre limpios,
con alguna regañina
y algún comentario suyo.
Y, si hacéis las cosas bien
veréis que tengo razón,
si os digo que moriré
lleno de satisfacción.
Aquí termino y me voy
pero volveré mañana,
y si no volviera más
me quedaré con las ganas.
No lloréis si no volviera
que al fin y al cabo la vida,
empieza cuando nacemos
pero al morirnos termina.
¡ Aunque no se sabe aún
si morimos al nacer,
o si es la cosa al revés
y nacemos al morirnos!.
Pero sea como sea
la vida es muy transitoria,
cuando nos llega, nos llega,
y, aquí se acaba la historia.
Muchos años vividos
en compañía,
ratos buenos y malos
igual que otros,
pero se han superado
de todos modos.