Me encontré con un anciano
que estaba junto a un olivo,
tenía los ojos cerrados
pero no estaba dormido,
que estaba solo pensando
y preguntándose a él mismo:
¡cómo sería posible!:
¡qué teniendo cuatro hijos;
a los que le di la vida,
a los que les di mi amor,
una buena educación,
les di cuanto poseía,
y sin pedir nada a cambio
le entregué cuanto tenía!
Y ahora, aquí me veo
sentado junto a este olivo,
sin tener una familia,
sin tener casa ni hogar
ni puerta donde llamar,
recorriendo este camino
sin saber cómo y por qué
ni a donde me llevará:
tal vez a ninguna parte.
Es ese absurdo refrán
que tantas veces se escucha,
que en este mundo cruel
las cosas no son cabales,
si te lo piensas verás
lo que te dice el refrán,
verás que es la realidad:
¡tanto tienes, tanto vales,
y, no te lo pienses más!.