(A mi esposa e hijos)
El día que yo me muera
¡quiero que os enteréis bien,
Para que no tengáis dudas
De lo que tenéis que hacer!.
Si algún órgano tuviera
para salvar otras vidas,
como a mí ya no me sirve
dárselo a quien os los pida.
Incineraréis mi cuerpo
Y mis cenizas después,
Las echaréis al río Amonte,
A la altura del molino
Donde mi infancia pasé.
No pongáis ramos de flores
Ni coronas junto a mi,
Si queréis entre las manos
Una rosa me ponéis,
Solo una, y el color:
Vosotros lo elegiréis.
No quiero que me hagáis misas,
Quiero que no me lloréis,
y, aunque sé, que esto es difícil,
Sé, que lo conseguiréis.
Ni una misa ni un rosario,
ni coronas de laureles,