Siempre que te veo
cruzar mi calle,
me quedo extasiado
al mirar tu talle.
Y miro tu cuerpo
con tal devoción,
que me vuelvo loco
con mi admiración.
Pero tú, pasas y como si nada,
me vuelves la espalda,
y no me dedicas
ninguna mirada.
Y puede con tu desdén
que hasta disfrutes,
y te alegre el dolor
que me produces.
Y me hace tanto daño esa actitud,
que pienso muchas veces
que mi vida cambiaría
si no estuvieras tú.
Y me meto en mi casa
por no llorar,
de la angustia que siento
al verte pasar.
Pero a ti no te importa
verme sufrir,
aunque sepas que sufro
sólo por ti.